miércoles, 15 de agosto de 2007

Patagonia frágil


He leído la entrada de los guanacos en la que piden que para venir a Patagonia se traigan dos elementos: Respeto y Tiempo. Bien guanacos. Respeto por los habitantes de esta tierra maravillosa y amenazada y tiempo para disfrutarla y conocerla. Digo tierra maravillosa y agrego amenazada porque siendo parte de los habitantes de la Patagonia yo la siento amenazada, frágil y siento que nosotros los seres humanos que poblamos estas tierras, estamos llenos de dudas y de incertidumbres. La belleza de la Patagonia es incomparable. Tenemos de todo reunido en un solo lugar, gran y espacioso lugar. Dos Océanos, pampas, hielos milenarios, bosques, archipiélagos, lagos y ríos maravillosos, fauna y flora espectacular, y sin embargo, todo se ha vuelto tan frágil, tan codiciado, tan deseado por los inversionistas, por los ambientalistas y por todos los istas del mundo. De pronto un emprendimiento turístico tiene que sortear cientos de dificultades burocráticas, ya sea porque ese emprendimiento que puede quedar cercano a un ventisquero, es impresentable para quienes no desean que los ventisqueros sean visitado masivamente y entonces acuden a cientos de artículos y leyes, pero también sucede que ese emprendimiento “hiere” a los pueblos ancestrales porque justo en el lugar que se piensa instalar el hotel o las cabañas, se reunían hace quinientos años los lonkos para hacer sus ceremonias. Hoy todos tienen derechos y sin embargo parece que nos olvidamos de los deberes. El primer deber que tenemos es asegurar al ser humano una vida digna, con fuentes de trabajo bien remunerado, con oportunidades para desarrollar y desarrollarse. Si ello está en el turismo, bien venido sea, pero hay otras formas de ganarse el sustento y yo creo que por ahí va la pelea, con las petroleras y las minas en otros lugares ,con HidroAysén en mi tierra.. Muchos habitantes de la región han visto en esta empresa la posibilidad de un trabajo estable al menos por diez años, un trabajo mensual, con un sueldo fijo que le permita asegurar el futuro y ven por otro lado que el turismo que se desarrolla en la zona, no deja grandes utilidades a los habitantes de ella. Muchos emprendimientos turísticos son de elite. Organizan paquetes de viaje, van a buscar a Balmaceda a sus turistas, los llevan al lugar, ya sea a pescar o a trasladarse a caballo al ventisquero más cercano. Están ahí, dos o tres días, luego una vuelta por los alrededores y después de regreso a su tierra de origen. Ese turista no fue al pueblo, no compró una bebida, no compró una postal porque trajo su propia cámara fotográfica, no compró un libro porque no entiende el castellano. El turista que si deja, es aquel como los guanacos, que se detienen, alojan en hoteles, compran en los pueblos y ciudades, recorren, contratan un vehículo, arriendan caballos, van a comer a los restaurantes. Pero estos son pocos. La Patagonia es un destino caro, caro para el extranjero y más caro para nuestros connacionales. Por estos días he hecho una pequeña encuesta en mi pueblo. Hay alrededor de treinta cabañas, pensadas algún día para recibir turistas y sin embargo TODAS están arrendadas a la gente que trabaja en la mina, a los profesores o a los profesionales del servicio público. Nadie puede resistir una inversión que reditúa solo dos meses o un mes y medio en el año. Es por eso que vemos con buenos ojos a la empresa como la minería. Da trabajo, da opciones, aumenta el comercio y los servicios. Creo que falta mucho aún para que la Patagonia sea totalmente turística y cuando eso suceda a lo mejor no va a ser atractiva, va a estar llena de minas, llena de cables, llena de represas, llena de ira por la recuperación de tierras ancestrales, llena de pena por lo que pudo haber sido y no fue. Hay destinos turísticos que ya son hitos mundiales: Torres del Paine, Calafate, San Martín de Los Andes, Puerto Madryn y la Península Valdés, pero el resto de la Patagonia se debate entre ser o no ser.