martes, 20 de diciembre de 2016

Aysén, la tierra cuidada

       
                                                     Casa de tejuelas  en Puerto Cisnes




Hace unos días vi la entrevista que le hicieron en CNN a Paula Christensen, Directora del Lodge Mallín Colorado ubicado en las cercanías de Puerto Guadal. Una entrevista dedicada a dar a conocer las bondades de la región de Aysén. Ella se veía muy entusiasmada  con el territorio aisenino y entre otras cosas hablo de que en las calles no se veía un papel botado y que todo el mundo era muy cuidadoso con la naturaleza, sob re todo por la influencia de personas venidas de fuera a instalarse en la región. Contó que aquí no se dan bolsas plásticas en el comercio, pero no dijo que esa fue una iniciativa privada, de pequeños comerciantes y que empezó en Chile Chico. Tampoco contó que en Chile Chico no hay basureros en las calles y se ve bastante limpio, porque el viento se encarga de llevarse la mugre y los que vivimos en los alrededores sufrimos la consecuencia de ello. Me pareció buena la entrevista y felicito a la señora Christensen por el entusiasmo y el amor que le demuestra a esta tierra. Dicho esto quiero contarle que los nativos de Aysén, los que ya tenemos algunos añitos, fuimos criados en una cultura de absoluto respeto a la naturaleza.. Es cierto que al principio de la colonización se produjeron grandes incendios forestales que quemaron gran parte de la  región, pero eso tiene una explicación: La Ley  de colonización de 1930, le exigía a los pobladores rozar a fuego las 600 hectáreas que le daban a cada colono, y bien sabemos que el fuego es peligroso, que los vientos cambian de un rato a otro. Se puede decir que la única herramienta que el Estado de Chile le entregó a los colonos fue un fósforo. Pero ellos aprendieron la lección y para hacer campo, con un esfuerzo titánico, cortaban los arboles a sierra, con sierra de brazo, un trabajo agotador. Luego con bueyes sacaban las raíces. Era un proceso lento, pero no existía la tecnología que existe hoy. Los árboles cortados tenían múltiples usos. Se les sacaban las ramas y con ellas se hacían cercos para corrales de aves, para proteger jardines y siembras, eran cercos precarios, incluso hay un dicho muy conocido que dice “Ataja menos  que cerco de ramas”, luego con los troncos se hacían tablones y tablas y con los árboles más delgados, se hacía leña para vender a los barquitos a vapor  y así allegar algún dinero al hogar, o bien se utilizaban para cercar los potreros haciendo cercos de palos rodados o cercos de palo  a pique o los famosos cercos de cajón. Años más tarde vendrían los alambrados. En los años 30 se instalaron los primeros aserraderos y a esos aserraderos se les vendían los grandes troncos que se sacaban para el despeje del terreno. El uso de la leña siempre fue racional, no se sacaban árboles sanos y vigorosos y en el caso de Chile Chico, la leña más consumida era la de playa, leña recogida por los pobladores después de las crecientes de los ríos y que era vendida a los barcos  que viajaban por el lago.
                        Quienes somos aiseninos de nacimiento supimos desde siempre del reciclaje, el tarro de aceite se convertía en balde o bien en macetero, la bolsa harinera se transformaba en paño de cocina o bien, uniendo cuatro, se hacían sábanas, y en muchos hogares esas bolsas, también se usaban para hacer ropa interior. La lana se hilaba y se tejía con ella las prendas para la familia. Los pantalones del marido y sus camisas, ya usadas, pasaban a convertirse en ropa para los niños. Se hacían huertas y quintas, las papas se guardaban en las llamadas “paperas”, un pozo semi profundo con pequeñas paredes y techo y una entrada, todo herméticamente cerrado, las zanahorias se enterraban en un pozo cubierto de arena, los repollos se colgaban en la oscuridad de una bodega, la mantequilla se hacía con  la nata de la leche que producían las vacas  en el campo y se batía a mano, luego se lavaba muy bien y se guardaba en cajas de madera en lugares sombríos o bien en latas dentro del agua.




                      Oficina de FFEE de Chile y Aduana en Puerto Aysén, construídas en madera




En los pueblos usábamos la bolsa de género para el pan, la malla para la carne y pilgua para las papas, frutas y verduras y no se usaban en otra cosa. Jamás una dueña de casa llevaba la malla de la carne para comprar otros elementos. Si uno compraba ropa, el comerciante la envolvía en papel y ese papel se utilizaba posteriormente para forrar un libro o un cuaderno. Nosotros no éramos ecologistas ni ambientalistas, éramos solo aiseninos, que cuidábamos nuestro entorno, que salíamos a recoger calafates para hacer dulces o frutillas para el mismo fin, sin destruir ni las matas de calafate ni las praderas donde se daban las frutillas silvestres.
                        No han sido los afuerinos los que  nos han enseñado a preservar nuestro entorno, no, es nuestra cultura de vida. Nosotros nacimos en un territorio de precariedad material producida por la lejanía y supimos cuidar todo lo que teníamos. En los pueblos como Chile Chico, existía una red de pequeños canales que cruzaban todas las calles llevando el agua necesaria para regar a balde las huertas, quintas y jardines.
                        Es bueno recordar y es bueno enseñar a los otros sobre nuestra cultura y nuestra forma de vida, sencilla, sin alardes de grandeza, sin necesidades de construir mansiones, solo tener las casas cómodas y acordes al entorno. Así vemos en lugares como mi pueblo mucha construcción de adobe, vemos en Puerto Guadal lindas construcciones de ladrillos y en ambos lugares, el uso de la cal como preservante de la materialidad de las casas. Más al sur vemos construcciones de madera, lo mismo hacia el norte de la región.
                        Aysén fue colonizado por personas de distintas procedencias, chilotes que dejaron su impronta y sabiduría, huilliches-mapuches que enseñaron sus técnicas, extranjeros que enseñaron otras formas de vida, chilenos del centro del país que se preocuparon de traer los frutales y sus costumbres de chilenidad, en fin, somos una amalgama de muchas culturas.
                        A mí me alegra escuchar testimonios como el de la señora Cristensen y siento que personas como ellas son los colonos del Siglo XXI, con otra mirada, tal vez mucho más comercial que la que tuvieron nuestros padres o abuelos que solo vinieron a buscar una oportunidad de futuro, pero esa mirada de estos nuevos colonos, va de acuerdo a los tiempos en que vivimos. Bienvenidos sean.
                             Primera Iglesia Catolica de Chile Chico construída en adobes

Creo que esta será mi penúltima entrada en este año 2016, en el cual no he estado muy trabajadora ni creativa. Como regalo de Navidad les dejo la foto de la casa de don Lucas Bridges en el Valle Chacabuco. ¡Feliz Navidad y que tengan unas lindas fiestas!