jueves, 14 de junio de 2007

Creencias de mi tierra


En la inmensa soledad de los campos aiseninos, al principio de la colonización (apenas un poco más de cien años), el hombre y la mujer fueron fácil presa de las supersticiones. Muchas de ellas nacieron de lo cotidiano, de observar la naturaleza, al igual que sus dichos, y fueron quedando en la memoria colectiva de los pueblos de Aisén. Hoy quiero compartir con ustedes algunas de esas creencias o supersticiones que me fueron contadas en distintas épocas y oportunidades.

Cuando se reúnen muchos teros a inicio de primavera, anuncia nevazon (la nevazon de los teros)

Cuando un zorro persigue a una persona, indica que esa persona se alejará del lugar.

Cuando se lamen los bueyes, indican que se separaran (por venta o muerte)

Cuando un caballo se revuelca con la montura puesta, indica que cambiará de dueño

Cuando un yeguarizo se arranca en loca carrera, anuncia tormenta

Cuando el chingolo canta de noche anuncia vientos

Cuando los teros gritan sobre las casas anuncian visitas

Cuando sopla viento del este anuncia nieve

Para reconocer a un brujo se le debe poner dos agujas en cruz debajo de un cojín. Si es brujo, se sentará allí y le será difícil pararse

Cuando el cielo por el norte se encuentra claro y despejado y por el sur se ve oscuro es anuncio de lluvias. (Norte claro, sur oscuro, aguacero seguro)

Cuando un pájaro choca contra el cristal de una ventana, anuncia muerte de un miembro de la familia de esa casa.

Cuando un pájaro entra en una casa y revolotea dentro de las habitaciones, anuncia alegrías.

Cuando en el camino uno se encuentra una herradura con las puntas mirando hacia la persona es señal de buena suerte. Mejor suerte es si la herradura encontrada tiene clavos.