sábado, 7 de julio de 2007

Simplemente Adios

Hoy recibí la noticia de la muerte de Benito Naín Colín ,y quiero compartir con ustedes, un poco de mi tristeza. Don Benito era un personaje popular, uno de esos hombres letrados que se pierden en los caminos que le pone el Dios Baco. En su juventud se fue a Argentina, y allá aprendió contabilidad “o teneduría de libros” como él decía. Luego volvió a Chile Chico y comenzó a trabajar llevando la contabilidad de algunos comerciantes y después fue nombrado Secretario Municipal. Era un hombre culto, un hombre con el cual se podía conversar de todos los temas, pero siempre fue un bohemio. Amigo de Luís Hernández Parker y de Igor Entrala mantuvo por muchos años correspondencia con ellos. Fue además corresponsal de revistas como Zig Zag y Vea. Luego de algunos años lo sacaron de la Municipalidad y Benito se convirtió en uno de esos personajes típicos de un pueblo. Lo conocí desde mi infancia y le tenía mucho aprecio y sentía que él también me apreciaba. Compartimos muchas jornadas culturales. En algunas de ellas llegó en fuerte estado etílico pero jamás faltó el respeto a nadie. Cuando comenzamos a publicar la Revista Ecos del Viento, don Benito fue un entusiasta colaborador y siempre tuvo una página para sus historias y anécdotas. Me traía sus trabajos y solíamos conversar de muchos temas. Fue uno de los entrevistados para la Revista. Entusiasta lector de mis libros le regalé siempre un ejemplar de cada uno de ellos. Los que cuidaba celosamente.
Hace poco tiempo atrás falleció Terry, la más antigua meretriz de mi pueblo y gran amiga de don Benito. El se encontraba hospitalizado y le escribió unas palabras de despedida que me pidió las leyera en el cementerio, ya que se sentía profundamente triste de no poder asistir al funeral. Lo hice con agrado por él y por Terry, ya que a ambos los conocí desde mis primeros años
Don Benito era un hombre pobre y un hombre humilde, pero tenía la riqueza de la simpatía, de la educación, de las buenas maneras. A pesar de su alcoholismo, siempre andaba bien presentado, era parsimonioso y ceremonioso y era querido por todo el pueblo. Hace un rato estuve en su velatorio y mañana lo despediré en el cementerio. Con la muerte de don Benito se acaban esos personajes populares que conocí en mi niñez y en mi juventud. Le tenía simpatía a Benito y créanme que tengo pena por su partida. De alguna manera los adioses anuncian el término de etapas de la vida. Quise compartir con ustedes este momento porque Benito Naín Colín fue un personaje en Chile Chico y esta es mi manera de rendirle un tributo a su memoria.